Gustavo Adolfo Becquer
Un romántico atormentado
A fines del siglo XVIII y principios del XIX una gigantesca ola rompió contra el mundo literario europeo y lo transformó tan profundamente que sus consecuencias se sienten hasta hoy. Esa ola se llamó romanticismo y los cambios que provocó fueron tan profundos que se le considera, junto con el clasicismo, uno de los polos principales del arte, todos los movimientos artísticos que han venido después han sido interpretados como consecuencia  o negación del uno o del otro.

El romanticismo no afectó solamente a escritores, pintores y músicos: tuvo consecuencias políticas, religiosas y sociales. Para ser un romántico no bastaba con crear obras dentro de un determinado estilo: había que vivir, pensar, actuar, vestirse y peinarse de una determinada manera; hasta había que morir, si era posible, de una forma muy especial.


El movimiento romántico se originó en Alemania, extendiéndose después por Inglaterra, Francia y el resto de Europa. Y si no fue demasiado importante en España, dio en cambio a una figura que lo representó hasta sus últimas consecuencias: el seviIlano Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta romántico por antonomasia.

Gustavo Adolfo nació en Sevilla el 17 de febrero de 1336. Llevaba en las venas algo de sangre alemana, como mostraba su segundo apellido, que él adoptó como nombre artístico. Huérfano desde los diez años

pasó su infancia en la capital andaluza; allí estudió humanidades y pintura, influido quizás en esto último por su hermano Valeriano Domínguez Bécquer, con quien le unió siempre un cariño entrañable; los retratos más conocidos del poeta se deben al pincel de su hermano.



    

 A los 18 años, Gustavo Adolfo se trasladó a la capital del reino. Sus primeros años allí fue ron difíciles, y ya entonces, en plena juventud, se le manifestó la fragilidad física que sería una de las constantes de su vida: enfermó de gravedad. El futuro gran poeta se dedicó de peno a la literatura y el periodismo-, fue colaborador de publicaciones como El porvenir, La España musical y literaria y E! correo de la moda; tradujo y adaptó obras teatrales francesas al castellano, en colaboración con su amigo Luis García Luna. Volvió a Sevilla y en 1858 enfermó nuevamente, debiendo guardar cama varios meses; los historiadores creen que esa fue la primera manifestación de la tuberculosis, la enfermedad romántica por excelencia, que habría de llevarlo a la tumba en plena juventud.

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