Ray Bradbury quiso crear allí una especie de narración filosófica
al estilo de la tradición racionalista, y hacer una defensa del libro en todas
sus formas. Es difícil decir si la ingenuidad del tono favorece o perjudica el
alcance de la fábula.
Con The illustrated man (El hombre ilustrado) publicado en 1953, Ray Bradbury intentó sensibilizar al público
acerca del problema de la contaminación. El «mensaje» tiende a veces a
desaparecer detrás de la belleza de cada una de las narraciones de esta colección,
cuyo lazo de unión es un «hombre ilustrado»: cada tatuaje en la piel de este
hombre está dotado de movimiento y representa una escena de un futuro a veces
muy próximo. El hombre tatuado va relatando, y su interlocutor huye cuando se
ve luchando, en un tatuaje, con un «hombre ilustrado» igual al que tiene
frente a sí...
Entre las demás obras de Bradbury cabe señalar El país de octubre (1955).
Un remedio para la melancolía (1958), Las máquinas de la alegría (1964) y
Fantasmas de lo nuevo (I sing the body electric, 1970). Asimismo, ha escrito y
adaptado muchas obras de teatro.
Bradbury pasaráa la historia de la ciencia-ficción como el fundador de un
determinado mito marciano, muy literario en cuanto a la forma, pero muy profundo
por su moraleja. Sus marcianos, cuya superioridad respecto a los hombres acaba
por irritar, ¿no son una trasposición de los terrestres modernos que han
perdido un poco el gusto por la lucha?