Las diversas técnicas físicas y psicológicas que emplean los magos
actuales resultan tan extrañas como las creencias que las inspiran. Por
ejemplo, mantienen su cuerpo en posturas dolorosas e incómodas durante largos
lapsos de tiempo. Pasan semanas enteras contemplando y meditando sobre algún
simple símbolo coloreado, como un triángulo rojo o un cuadrado amarillo.
Llegan casi a asfixiarse con el humo de exóticos inciensos, y dan vueltas como
una peonza hasta caer al suelo sin sentido. Se envuelven en extraños ropajes,
permanecen largo rato de pie entre círculos y símbolos recitando las extrañas
palabras evocadoras que, según sus creencias, traerán a los dioses a la
Tierra.
Se ha dicho, sin embargo, que durante el siglo XX muchas otras personas,
aparte de esta minoría oculta, han practicado la magia ritual. Políticos y
clérigos, oradores y líderes sindicales emplean inconscientemente técnicas
propias de la magia. Han aprendido de otros o han desarrollado por sí mismos,
basándose en la experiencia, los mismos métodos destinados a alterar la conciencia
que emplean los magos modernos. Pero así como en el caso de la magia
generalmente se pretende alterar el estado de conciencia de uno mismo y/o de
unas pocas personas más, en cambio los líderes políticos o religiosos se
proponen alterar los sentimientos y acciones de cientos, de miles, o como por
ejemplo en el caso de Adolf Hitler y Eva Perón, de millones de personas.
Continua